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24/3/11

Recordando Беoград (Belgrado).


La primera sensación que tienes al llegar a Belgrado (por cierto, que bien me ha quedado el cirílico) es que no va a ser una ciudad muy acogedora. Tanto la estación de tren como la estación central de autobuses, que están juntas, tienen un aire bastante decadente. Según vas subiendo hacia el centro de la ciudad la cosa, como por otra parte es lógico, va mejorando.

A Belgrado llegamos a las 7.00 de la mañana y tras cambiar moneda, dejamos los macutos en la consigna de la estación, ya que no era nada caro y así podíamos buscar alojamiento sin ellos que quizás sea lo más engorroso del viaje. Fue la primera vez que el primer sitio que vimos no nos gustó y decidimos mirar una segunda opción y la verdad es que acertamos. Nos alojamos en el Hostel 360º, que ocupa las dos últimas plantas de un edificio en la calle Knez Mihajlova. Una calle peatonal llena de comercios, terrazas y que además cuenta con la sede de algunos institutos de idiomas extranjeros como el Cervantes. El Hostel era casi nuevo, tenías taquilla individual con llave, ordenador con conexión a internet gratuita, cocina, café gratis, una pequeña terraza, juegos de mesa, zonas comunes, etc. En resumen es el típico hostel al que parece ser que nos gusta ir ahora a los jóvenes. El precio fue de 17€ por una habitación de cinco personas, aunque nos aseguró que íbamos a estar los dos solos y así fue.

 Puesta de sol desde Kalemegdan.

La visita a la ciudad no fue muy complicada, aunque tampoco nos dio tiempo a ver demasiado. El primer día, después de la siesta de rigor para reponernos de la noche en tren, visitamos la antigua fortaleza de Kalemegdan, que está al final de la calle donde nos alojamos. Actualmente la fortaleza es un parque, pero sigue albergando una especie de museo militar en el que se pueden ver tanques, material anti-aéreo y cosas así. Lo que más impresiona del parque son las vistas, especialmente al atardecer ya que se ve caer el sol sobre las confluencias del Sava y el Danubio, lo que deja una bonita foto de postal.

Por la noche fuimos a cenar y a tomar algo a la zona de Skadarlija que es la definida como zona bohemia de la ciudad. En realidad es una calle con bastantes restaurantes y algún que otro pub. La gracia reside en que la mayoría de los restaurantes tienen bandas en directo que supongo que interpretarán canciones populares serbias, porque la mayoría de la gente las tarareaba junto a los músicos. Cenar en uno de estos restaurantes además, es bastante barato. Por una parrillada de carne y dos cervezas pagamos 19€. Más tarde intentamos conocer la fiesta de Belgrado, que por lo visto es una de las más animadas de Europa, pero como no encontrábamos la zona o la encontramos y estaba bastante vacía decidimos que era mejor volver a subir hacia Skadarlija, donde nos tomamos unos cócteles hablando con un camarero de deporte; fútbol, baloncesto y extrañamente, waterpolo.

Antiguo Mº de Defensa bombardeado por la OTAN.

A la mañana siguiente visitamos el templo de San Sava. Es el templo ortodoxo más grande de Europa y aunque se comenzó a construir en 1935 aun no se ha terminado ya que se financia a través de donaciones. Era la primera vez que entraba en un templo ortodoxo, por lo que lógicamente me impresionó bastante además de por lo grande que es el edificio en sí también por las diferencias en la iconografía y culto frente al catolicismo. Desde allí fuimos dando un paseo de nuevo hacia el centro por una de las principales calles comerciales, llegamos a la Plaza de la República y decidimos que lo mejor era comer tranquilamente y tomarnos el resto del día de relax ya que las cosas que nos quedaban por ver estaban bastante lejos.

 Templo de San Sava y a la derecha, la Biblioteca Nacional.

Así que echamos el resto de la tarde entre un parque, un cibercafé y haciendo la compra de la cena de ese día y el desayuno del día siguiente... así pasaron las horas hasta nuestro siguiente destino; Sofía.

12/3/11

Recordando Sarajevo.


A Sarajevo llegamos desde Mostar ya de noche. Nada más salir de la estación empezamos a escuchar los cantos de llamada a la oración desde los minaretes de las mezquitas, lo que a mí me impacto mucho, ya que era la segunda ciudad donde escuchaba algo así. Las otras veces había sido en Granada y claro está, no tenía ni punto de comparación.

Desde la estación cogimos un tranvía hasta la ciudad vieja ya que habíamos mirado que allí nos sería sencillo encontrar alojamiento y así fue. En la plaza de Baščaršija hay una oficina desde la que te distribuyen por diferentes tipos de alojamientos en la ciudad según la calidad precio que quieras. Cuando llegamos tan sólo quedaban camas en una especie de barracones en los que había un solo baño y una ducha para veinticuatro personas. Eso sí, el precio estaba bastante bien ya que pagamos 10€ por persona con desayuno, que consistió en pan con mantequilla y mermelada y un rico té.

 Una de las calles de la ciudad vieja.

Esa misma noche fuimos a dar un paseo por la ciudad vieja y nos dimos cuenta que habíamos coincidido con el festival de cine, por lo que muchos de los pubs que allí había tenían bastante ambiente, aunque igual demasiado cool para nosotros. Así que decidimos que igual era mejor dormir y el día siguiente visitar la ciudad con más calma de día, que siempre es totalmente diferente.

A la mañana siguiente un nuevo paseo por la ciudad. Aunque suene a tópico es impresionante la diferencia religiosa que se da en la ciudad; mezquitas e iglesias de diferentes cultos cristianos aparecen mezcladas aparentemente y hoy en día, sin demasiado problema. Además merece la pena pasear por la orilla del rio, "sobre el cual" comenzó una Guerra Mundial. Y no podía faltar la norma occidental; nada más terminar lo que es la parte vieja comienza una zona comercial en la que están presentes las tiendas que puedes encontrar en cualquier lugar del mundo.

Plaza de Baščaršija

Por la tarde, contratamos un tour turístico por los lugares de la guerra a través del mismo hostel. El precio fue de 12€ por persona y nos llevaron entre otros lugares al túnel de Sarajevo, que se utilizó como paso de suministros y personas para romper el sitio de la ciudad durante la guerra. A pesar de que ahora se ha convertido en un lugar turístico más, todas las señales que quedan de metralla y el mismo túnel, hacen que llegues a ser sólo un poco consciente de lo que debió significar la guerra. De cómo gente que vivía hasta ese momento como nosotros lo hacemos ahora debió vivir, sobrevivir, a la brutalidad que significan las guerras.

 Uno de los muchos edificios de viviendas que aun quedan con impactos.

Cambiando de tema, no quiero dejar de recordar lo siguiente. Anocheciendo nuevamente nos dirigimos a la estación de nuevo en tranvía. Como no teníamos dinero bosnio y ya íbamos a dejar el país intentamos pagar en el tranvía en euros. El conductor no nos dejó pagar pero tampoco nos indicó de ningún modo que debíamos bajarnos. En la siguiente parada se subió un revisor que evidentemente nos pidió los billetes. Poco a poco se fueron subiendo más al tranvía hasta que, cuando llegamos a la estación eran ya cinco. No sé que nos dirían pero la gente del tranvía se empezó a cabrear con ellos, incluso una mujer nos picó con su billete, por lo que les hicieron bajarse a todos y cuando sólo quedábamos nosotros dentro me pasaron por teléfono con una persona que hablaba inglés y me explicó que debíamos pagar una multa. Ante el miedo de poder perder el tren la pagamos en euros (50€ por cuatro personas) y abandonamos Bosnia rumbo a Serbia.

 Unos burek con su correspondiente cervecita.

Por último hablar un poco de la comida y es que aquí probamos los burek, a mí personalmente me encantó. Constan de una especie de pasta rellena que en el lugar donde lo comimos nosotros estaban rellenos de carne, queso o espinacas. Respecto a los precios no anoté mucho, pero decir por ejemplo que; cinco capuchinos, una cerveza y una shisha no salió por 17 MK, que al cambio son unos 8,50€.

8/12/10

Recordando Mostar.


El autobús que cogimos en Dubrovnik a las 8 de la mañana nos dejó en Mostar sobre las 11.30. Nada más llegar nos ofrecieron algunas habitaciones para dormir, pero nuestra idea este día era ir estar unas pocas horas en Mostar y salir ese mismo día hacia Sarajevo. Así que nos fuimos a la estación de tren que está justo al lado de la de autobuses y nos dijeron que solo hay dos trenes hacia Sarajevo, uno por la mañana y otro a las 18.40. Así que nada, dejamos los macutos en la consigna intentamos orientarnos un poco con un mapa que había en la estación y nos dirigimos hacia el río.

Uno de los muchos edificios en ruinas.

La ciudad impresiona muchísimo. Hay muchos edificios en ruinas o llenos de impactos de bala o metralla. Creo que aun así nunca llegas a ser consciente del todo que allí hace apenas 15 años habían vivido una guerra. Además hay algunas cosas que hacen que te evadas de ello; tiendas de suvenires, cafeterías, restaurantes, turistas, etc.
Quizás lo que más impresione ver, por lo mediático que fue, es el puente que pasa sobre el río Neretva y que según puedes leer en cualquier sitio es considerado “un símbolo de la sociedad multiétnica de bosnia”. No sé muy bien si será un símbolo para los bosnios o no, nadie de allí me lo dijo, el caso es que ahora ha recuperado parte del folklore de la ciudad ya que muchos autóctonos (para conseguir unas monedas) y turistas se tiran desde él.

El famoso puente y el río Neretva.
 
Después de comer también nos acercamos a la Plaza de España de la ciudad. En ella se ha construido un centro cultural que hace también las veces de instituto y un monumento a los militares españoles que allí murieron.
En cuanto a comer o tomarte algo allí la ciudad es baratísima. Para comer nos compramos unos ćevapčići por 6 MK y tras acabar nuestra visita esperamos al tren en una cafetería, en donde un café bastante rico nos costó 1,25MK. Un Marco Convertible eran 1,90€. Aunque, si pagas en euros algo que puedes hacerlo casi todos los sitios te redondearán el cálculo a 2€.

Este cártel, como es lógico, me llamó mucho la atención.

 Por último diré que el trayecto en tren hasta Sarajevo nos tocó ir sentados en un pasillo pero las vistas que tienes desde el tren son impresionantes, quizás este fuera el trayecto en tren que más me gustó del viaje.

 Una de las vistas desde el tren hacia Sarajevo.
La carretera, que une también ambas ciudades, discurre casi todo el rato paralela a las vías.

PD: En Mostar conocimos a unas chicas navarras que nos acompañaron en parte del resto del viaje. Hasta ahora no había contado nada de la gente que fuimos conociendo a lo largo del viaje y no creo que lo vuelva a hacer, pero creo que esta vez era necesario.

22/11/10

Recordando Dubrovnik.

Justo hoy que Dubrovnick está bajo los efectos de las lluvias torrenciales, toca escribir un poquito sobre ella.

Para llegar de Split a Dubrovnick cogimos un autobús que tarda en hacer un trayecto de algo más de 200 Km. (no lo he podido mirar en google maps porque no aparecen las carreteras en el trozo serbio del trayecto y te dice que tienes que coger un ferry) unas cinco horas. El paisaje que puedes ir viendo es bastante bonito, pero el viaje se nos hizo muy pesado porque el autobús para demasiadas veces –prácticamente en todos los pueblos “importantes” de la costa croata –y el sol nos iba dando todo el rato.

 Puerto de la "ciudad vieja" de noche.

Nada más llegar, una mujer que se llamaba Mila Bogdanovik nos ofreció un sobe en su casa, que tenía registrada legalmente como tal, por lo que tuvimos que firmar en un libro y todo. Era  bastante barato (240 kn por noche) y además se veía que a la mujer le hacía falta el dinero. Pero, la casa, por qué mentir, no tenía muy buena pinta. Nosotros dormíamos en el salón –que era la única parte más o menos cuidada de la casa –y ella en una habitación aparte, así que no teníamos mucha intimidad digamos. Además, cuando echamos a andar hacia el centro nos dimos cuenta de que estábamos bastante lejos. Esto, sumado a que por la noche Mila se despertó hacia las 2 y empezó a limpiar la cocina, a mover cosas y a hablar sola, hizo que decidiéramos cambiar de sobe al día siguiente. Sobre todo, para estar más céntricos aunque nos saliera más caro porque también teníamos que pagar el autobús de ida y vuelta, lo que significaba 10 kn. por trayecto.  Así que la segunda noche dormimos en otro sobe diferente dentro de la “ciudad vieja” por 60€ donde su propietaria nos trató también muy bien e incluso nos lavó y nos tendió unas camisetas.

 El salón de la casa de Mila. Cuando fuimos a dormir,
después de cenar nos había dejado unas cerezas muy ricas.

Dubrovnick es una de las ciudades más turísticas de los Balcanes por lo que toda la ciudad y especialmente su reconstruido casco histórico que quedó destrozado tras los bombardeos serbios están llenos de hoteles, alojamientos más modestos, tiendas de suvenires y lugares donde comer o tomarte algo. Además, la ciudad forma parte de las rutas de la mayoría de cruceros que van desde Italia hasta Grecia.  Por todo ello, comer y beber en la ciudad es más caro que en el resto de ciudades croatas que visitamos y cuesta bastante encontrar sitios de comida “típica”, mucho más si quieres que además sea barato. El primer día la cena (pizza, quesadilla, nachos y cerveza) nos salió por 240 kn, la del segundo (fritura de pescado, muy rica) más o menos por lo mismo y las comidas que las hicimos a base de comida rápida fueron algo más baratas (porción de pizza 10 kn, bocadillo y cerveza  40 kn). Lo que más me gustó de todo lo que comí allí fueron los helados que nos comprábamos después de las cenas.

 Uno de los sitios que hab habilitado para que puedas bañarte al lado de la muralla.

Salir por la noche también era una de nuestras pretensiones y por ello nos quedamos allí dos noches, aunque solo salimos una de ellas. El ambiente no estaba mal hasta que cerraban los bares en los que el precio de las cervezas rondaba las 12 kn (el doble en un irlandés que entramos). También me pedí un gintonic por el que me cobraron 30 kn. en un pub que estaban poniendo rock y que al verme entrar con la camiseta de Obrint Pas me pusieron un tema suyo. Cuando cerraron los pubs la opción que quedaba era ir a alguna discoteca por lo que decidimos irnos a dormir.

 Vistas de la "ciudad vieja" desde las murallas.

En cuanto a la ciudad en si, tengo que decir que a pesar de estar prácticamente reconstruida tiene mucho encanto, especialmente en horas que no hay mucha gente por las calles. Subir a las murallas y rodear la ciudad es bastante recomendable (hay que pagar 50 kn), aunque mejor hacerlo en horas de no demasiado sol. También me gustó mucho el baño que nos dimos en uno de los sitios que han habilitado con “cemento” pegados a la muralla, aquí el agua está clarísima. Vamos, merece la pena visitarla, pero igual tampoco merece la pena pasar allí más de un día. Lo que, desde luego, parece mentira es que en 1991 allí sucediera esto:

 Bombardeos de Dubrovnik en 1991,
cuando vi el video al volver del viaje me quedé impresionadísimo.


...

11/11/10

Recordando Split.

Vamos a seguir con el interrail...

El trayecto entre Zagreb y Split lo hicimos como comenté en autobús que salía a las 9.30 de la mañana, por lo que nos tocó madrugar un poco. En los autobuses croatas (y creo que también en otras zonas de los balcanes, aunque solo cogimos autobuses en Croacia) tienes que pagar un suplemento por  el equipaje, que en este caso fue de 14 kunas. El trayecto transcurría casi todo el tiempo por una autovía que llevaba poco tiempo inaugurada y que iba entre valles por lo que el paisaje nos resultó bastante bonito. Lo peor está al final, cuando abandonas la autovía te queda un tramo por carretera de doble sentido que baja desde una montaña hasta donde se encuentra Split por lo que al ser un destino turístico os podéis imaginar la que se monta.

 Vistas desde la torre de la catedral de parte del puerto.

Encontrar alojamiento en cualquier ciudad croata no resulta muy complicado ya que al bajar de la estación ya sea de tren o autobús siempre habrá bastantes mujeres mayores ofreciéndote alojamiento en una de las habitaciones (sobe) de su casa. Esta práctica está permitida por el gobierno y creo que se paga un impuesto por ello, aunque como supondréis algunas son algo más “ilegales”.
En Split intentamos antes de nada encontrar alojamiento en un hostal o albergue, pero todo estaba lleno por lo que después de dar una vuelta cargados con los macutos y comer un cevapi nos fuimos de nuevo a la estación de autobús. Allí una señora nos llevó hasta su casa, que estaba en todo el centro turístico y nos cobró por una habitación doble 50€, un poco caro, pero como estábamos bastante cansados y nos gustó el lugar aceptamos. La habitación tenía televisión, aire acondicionado, revistas con información sobre la ciudad y luego, el baño que era para toda la casa tenía una ducha de hidromasaje con luz y radio dentro, lo que me sorprendió bastante. Además, podíamos usar la lavadora si queríamos. Pero vamos, aun así un “sobe” un poco caro.

 Torre de la catedral.

Como os he dicho la ciudad es bastante turística, debido a varias cosas: Según los autóctonos tiene una de las playas más “bonitas” de su país. En ella se encuentra el Palacio de Diocleciano, monumento patrimonio de la humanidad. Además, es uno de los lugares donde se puede coger los ferris para ir a algunas de las islas de Croacia. Todo ésto, especialmente lo último, hace que haya bastante gente, aunque sea de pasada.

Mausoleo de Diocleciano de noche...malabares y música en directo.
 
La ciudad es bastante bonita, sobre todo las calles que están dentro de lo que fue el palacio de Diocleciano. Por la noche el encanto es mayor, ya que con la iluminación gana mucho y hay bastante ambiente con espectáculos callejeros de música y malabares. Más tarde hay alguna discoteca, a las que no fuimos, ya que no es el ambiente que más nos guste aunque nos acercamos para echar un ojo y tampoco parecían nada del otro mundo. También es bastante recomendable subir a la torre de la catedral ya que las vistas desde allí son muy bonitas.
 La playa más grande, una de las pocas con bandera azul en Croacia, la verdad es que no tiene nada especial. Se diferencia del resto de Croacia en que tiene una parte que es de arena, lo que es bastante raro porque el resto de sitios en los que puedes bañarte en la costa croata son “construcciones” de hormigón o cemento junto al mar. Además, al haber tanta gente y no no tener casi oleaje el agua está bastante revuelta precisamente por culpa de la arena. Vamos, que como veréis más adelante me gustaron más otros sitios donde me bañé.

 La famosa playa.

Para acabar (que hoy me está quedando largo) hablar un poco de lo que comimos. En Split fue donde comimos por primera vez Ćevapi (o ćevapčići) una especie de albóndigas de carne con salsa. Dependiendo del sitio te lo hacen de manera diferente y es la comida rápida por excelencia de los balcanes por lo que te lo suelen poner en un pan de pita. Personalmente tengo que decir que me lo habían pintado como algo exquisito y luego me supo a poco pero tengo que reconocer que como alternativa de comida rápida están genial.

....pues nada más, y perdonar, que hoy me ha quedado más largo de lo normal. La próxima, Dubrovnik.

4/11/10

Recordando Zagreb.

Vamos con el segundo “capítulo” del interrail.

Nuestro primer trayecto en tren fue en el tren nocturno que sino recuerdo mal hace el trayecto de Venecia hasta Belgrado y que va parando cada relativamente poco tiempo. Nosotros lo abandonaríamos en Zagreb. Al ser el primer trayecto en tren y quizás pecando bastante novatos cogimos el billete en litera lo que más adelante nos dimos cuenta que no merece mucho la pena porque no es nada cómodo y descansas más o menos igual que si tienes un poco de suerte y puedes ocupar varios asientos de un compartimiento de tren normal. Además, la diferencia de precio es bastante grande, a nosotros este trayecto nos salió por 54€ a lo que hay que sumarle que quieras o no te van a despertar en los controles fronterizos con esa palabra mágica “pasport”.

 Estación de tren.

A Zagreb llegamos a creo recordar que sobre las 5.30 ó 6.00 de la mañana. Dejamos los macutos en la estación de tren tras comprar unos cafés pagados con euros para conseguir unas pocas kunas (7 kunas = 1€) en el cambio que nos sirvieran para meter en las taquillas. De aquí nos fuimos a dar nuestro primer paseo por la ciudad, como es lógico no la volvimos a ver así, las calles y plazas principales estaban casi desiertas y estaban montando el mercado en una de las plazas, cosa que siempre es curioso de ver y queda bien en las fotos. Como estábamos bastante cansados y habíamos dormido poco al final nos tocó buscar un parque donde pudiésemos echar una cabezada. Tras dormir lo que pudimos volvimos a desayunar y ya más o menos se hizo la hora de poder entrar al hostel a echarnos una “siesta” mañanera y darnos una ducha. La habitación doble con baño compartido nos salió por 313 kn.

 Mercado al aire libre.

Por la tarde tras haber repuesto fuerzas compramos los billetes de autobús para Split que sería nuestro siguiente destino (178 kn) y estuvimos un rato paseando por las partes de la ciudad que no habíamos visto. La parte “alta” donde están los edificios más conocidos de Zagreb fui a visitarla solo. La verdad es que esta es una sensación diferente ya que al caminar solo te fijas más en la gente y en el ambiente de la ciudad. En general Zagreb me pareció una ciudad muy bonita y acogedora. El centro, que es fundamentalmente lo que vimos está muy bien cuidado y tiene muchos espacios verdes.

 Iglesia de San Marcos.

Respecto a la comida poco puedo decir, ya que no comimos nada típico de allí. En general en lo que respecta a precios me pareció algo más barato comer allí que a lo que estoy acostumbrado a pagar en otras ciudades que he visitado, excepto la cerveza que si que es bastante más barata. Una cerveza de medio litro en la terrraza de un pub nos salió por 14 kn, por ejemplo.

 ...al fondo, la Catedral.

Y poco más...seguiremos contando cosas de Croacia y del interrail. Aunque a ver si voy intercalando estas entradas con otras de “tema libre”.

2/11/10

Recordando Venecia.

Como la verdad es que me gustaría escribir de algo con un poco más de enjundia y no se me ocurre el que habrá que tirar de archivo y recurrir a mi libreta de los viajes. Así que si voy teniendo tiempo y no se me ocurre nada más que escribir dejaré por aquí algunas entradas de ciudades que he visitado comenzando por las del Interrail que hice con otro amigo en el mes de agosto de 2009, que comencé en Venecia y que terminó en Atenas con parte de los Balcanes de por medio. Así que nada, allá que voy con la primera ciudad, Venecia.

A Venecia llegamos un 10 de Agosto a las 9.30 de la mañana. Nuestra idea era no facturar los macutos por los que pudiese pasar, pero al final no hubo manera y tuvimos que meterlos en la bodega del avión. En el vuelo fui casi todo el tiempo dormido, cosa bastante rara porque no suelo dormir mucho en los aviones. Desde el aeropuerto nos cogimos un autobús hasta Mestre por 3€ ya que pensábamos sacar los billetes para esa misma noche irnos para Zagreb. No hubo suerte y al final nos tocó dormir una noche en Venecia.

 Cruce veneciano.

En la misma estación en una especie de agencia nos buscaron una habitación doble que nos salió por 65€ en el Hotel Cà Due Lioni. Estaba bastante cerca de la estación de tren, lo que nos ahorró caminar demasiado con los macutos.  Pero claro, podemos decir que estaba demasiado “bien” para lo que íbamos buscando. La habitación era en dos plantas; abajo había una especie de hall con unos sofás y el baño y arriba estaba lo que era la habitación en sí con la cama, la tele y una pequeña nevera.

 Palacio Ducal y el "león alado" símbolo de Venecia.

La ciudad en si la conocimos andando. Vimos los sitios más típicos que a todo el mundo le suenan de las postales y algún barrio con menos gente que la verdad es que se agradeció porque las aglomeraciones –supongo que por ser agosto –eran acojonantes en todas partes. No voy a decir que sea una ciudad fea, todo lo contrario, pero te cansas de ella. Lo que más bonito me pareció fue ver puesta de sol tras una tormenta veraniega. Lo peor, que todo está lleno de gente y no hay ningún sitio donde relajarse, tan solo encontramos un parque y la verdad. También esperaba más de la ciudad iluminada por la noche y la verdad es que me decepcionó mucho ya que prácticamente no había nada de luz.

 Puesta de sol tras la tormenta en el barrio donde teníamos el Hotel.

Respecto a la comida no comimos nada especial. El primer día comimos en un restaurante un poco más “pijo” en el que comimos unos espaguetis y un escalope ricos, pero sin más. El resto de los días tiramos de porciones de pizza que salían por unos 2 ó 3€ la porción.

Para finalizar, lo que más dejé por escrito es que tenía ganas de comenzar el “verdadero” Interrail.