Desde que empezó el año nuevo no había vuelto a escribir por aquí, la verdad es que no sé por qué no lo he hecho pero el caso es que la pereza ha podido conmigo.
El caso, la semana pasa estuve por Mallorca visitando a un amigo, así que aunque no fuese un viaje como tal sino más bien eso, una visita, voy a contar un poco sobre la isla y su capital.
Para empezar tengo que decir que la ciudad de Palma es una ciudad sin más. Como todas tiene sus cosas peores y mejores. De estas últimas quizás lo más curioso sea su catedral y es que, al menos a mí, me resultó extraño ver una al lado del mar. También me gustó la Fundación Juan March, que reúne una colección de arte contemporáneo bastante más que aceptable para una ciudad del tamaño de Palma.
Catedral de Palma.
De la isla visité algunas de las partes donde el turismo de playa se deja sentir más en los meses de verano como Magaluf o el Puerto de Alcudia. Pero claro, en enero el aspecto de estos lugares es totalmente distinto. Salvo algún turista europeo jubilado poco tiene que ver; las tiendas están casi todas cerradas e incluso por la mañana, en Magaluf, me costó encontrar un sitio donde poder tomarme un simple café con leche.
Puerto de Alcudia.
También estuve en otros lugares más “pintorescos” como Artá o Cala Ratjada. El primero es un pueblo de interior que tampoco es que tenga nada especial. Cala Ratjada, si merece algo más la pena, en esta localidad está el faro de Capdepera desde el que hay unas bonitas vistas.
Vistas desde el faro de Capdepera.
Y para terminar, la comida. Las tres noches que cené allí lo hice en el mismo sitio, el Byblos Café, un bar con unas cuantas mesas para sentarse, música de ambiente de lo más variada y lo más importante, una carta de tapas de lo más extensa y variada. Además, no es nada caro, por unos 8 ó 9 euros te vas muy bien cenado. En definitiva, el mejor de los bares que conocí por allí… y fueron unos cuantos.
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